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Leo García llega con su representante al living armado detrás del escenario de Picurba y, antes de sentarse, saca un pañuelo y seca el puff lleno de rocío. Es mitad de mayo y el sol cayó hace rato, pero la temperatura es casi primaveral en el predio ubicado a espaldas de la Estación de Trenes de City Bell, donde se desarrolla la feria gastronómica. En pocos minutos, el cantante agregará su condimento pop al encuentro de sabores, pero antes hace un par de fotos y charla con quien se acerque a saludarlo.
A poco de cumplir sus cuatro décadas y media, parece alguien que recién está estrenando sus treinta.
Lleva un cap con estampa militar superpuesto a una bandana atada a su cabeza, y un pin del cantante inglés Morrissey se destaca sobre la solapa aterciopelada de su blazer marrón. 50% música, 50% imagen. Desde que se subió a la ola pop entendió que esa era la fórmula del éxito y supo cómo jugar con su estética, que muchos tildaron de ambigua.

– PM: ¿Este Leo que siempre vemos tan bien lookeado es igual un domingo de entrecasa?
– LG: En mi casa me gusta estar cómodo, pero arriba del escenario quiero que se note que me preparé para la ocasión. Le doy mucha importancia a la imagen. En realidad, creo que todos los músicos lo hacemos, que hasta cuando uno está mal lookeado es una decisión. Antes le daba bola al maquillaje también, ahora ya no tanto. Debe ser la edad, uno va cambiando…

En el videoclip de “Morrissey” (2001), Leo movía la cadera de un lado al otro en clave disco, rodeado de bolas de espejos, y su icónica ceja izquierda partida parecía tatuada en la blancura de su cara ovalada. Hoy hay que ser muy observador para percibir ese centímetro depilado. Sin embargo, ahí está: en el mismo lugar que de chico se golpeó con el borde de la cama y que, de grande, explotó como su marca distintiva. Todavía conserva ese sello, la audacia y el encanto propio de quien se sabe bicho raro.



Alguien de la organización de Picurba se acerca a Leo y le ofrece algo para comer. Él sólo pide una copa de vino. No exige ninguno en particular pero, con la charla, se notará que sabe del tema, como también de cocina.
– PM: Qué bueno que te hayas sumado a la propuesta de Picurba. No debe ser habitual para un músico tocar en una feria gastronómica…
– LG: Desde un principio me copó la idea porque me gusta mucho cocinar. Tuve un periodo en que fantaseaba con ser cocinero y todos los fines de semana les preparaba a mis amigos un plato distinto. Profundicé bastante en la materia. Me apasionaba aprender las recetas y conocer los tiempos de cocción de cada alimento.
– PM: ¿Así que sos de los que comen con conciencia?
– LG: Sí. En un momento necesité desintoxicarme y empezar a alimentarme bien, así que hice un curso de higienismo en el que aprendí las particularidades del arroz yamaní, las hierbas, los diferentes condimentos… Igual, de vez en cuando, también me morfo una hamburguesa con papas fritas -“me morrrrfo”, repite, y se ríe del término que acaba de usar-.
– PM: ¿Cuál es tu caballito de batalla?
– LG: Pollo al curry con arroz y cilantro arriba. La clave del arroz está en saber darle el hervor justo, y el cilantro sirve para refrescar, le da un toque de fantasías al sabor. Es un plato que hice varias veces, cuando me gusta algo lo repito hasta que me sale bien.
– PM: ¿Y la música ideal para acompañar una buena cena?
– LG: Me gusta el jazz, la música elegante. Disfruto cuando en los restaurants ponen esos “papapapaaaa-papapapapapapaaaa” -imita, con mucha gracia, el sonido de una trompeta-. Siento que va hacia la profundidad de una perfección sonora y uno tiene que saber degustarla. Creo que en los ochenta lo cool era la música, pero de los noventa a esta parte, es la integridad de todos los sentidos.

Si hay algo que reconocerle a Leo, es su eclecticismo musical. Empezó a los trece, cantando folklore en peñas de Jujuy. En los ochenta, de regreso a Buenos Aires, se encontró con el auge pop de Virus y Soda Stereo, y creó Avant Press, donde cantó entre 1990 y 1997 -a mediados de junio pasado, los integrantes volvieron a tocar durante la octava edición de Ciudad Emergente-. Disuelta la banda, en 1999, debutó como solista y se dio el lujo de firmar con sellos independientes y otros multinacionales, ser producido por Gustavo Cerati y conseguir los primeros puestos en las radios. Así se constituyó en un gran referente musical, en nuestro Rey del Pop, pero el género le permite coquetear con otros ritmos y ensamblar todo lo que escucha.

– PM: Estamos de Picnic Urbano… ¿Qué temas preparaste para hoy?
– LG: Voy a hacer mis canciones de siempre y algunos covers de temas que me gustan mucho, como “Corazón Valiente” -es devoto de la Santísima Gilda-. Vine con un músico muy joven que toca el bandoneón, instrumento que fusionamos con mi guitarra criolla y la computadora, y genera un matiz cálido, muy de acá.

En medio de “La Isla del Sol”, Leo desaparece del escenario. Baja y se mezcla entre la gente. Salta, hace pogo, agita, sorprende. Además de ser un artista completo, Leo García es sencillo, terrenal y un gran arengador. Invita al público a reirse más, pero también impulsa a las bandas under -circuito en el que se siente muy cómodo- a tocar seguido, a grabar sus primeros discos, a meterle pila. Es algo así como el padrino de una nueva generación de músicos que, al igual que él, es ecléctica, se anima a ir contra la corriente y no le teme al cambio.

Entrevista publicada en julio de 2015 en la revista Fashion Head.

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