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A comienzos de enero, en el mundo de la moda se instaló la tercera edad como tema de agenda, algo curioso en una época en la que, a través de cada uno de sus soportes de comunicación, la industria bombardea al público con imágenes que exaltan a la juventud como la mayor de las virtudes.
El hecho es que la firma Céline eligió a la escritora y periodista estadounidense Joan Didion, de 80 años, como cara de su nueva colección primavera/verano 2015. En la campaña, la señora lleva un look muy minimalista, característico de la marca. Eso, sumado a sus enormes gafas negras, deja entrever que, aún con su pelo gris y sus arrugas, es una mujer que no necesita más que actitud para sentirse segura de sí misma.
Como ella, la cantante folk Joni Mitchell (71) también se convirtió en una nueva it-lady -“señora del momento”-, al posar con su guitarra, una túnica setentosa y el clásico sombrero Fedora, para presentar la propuesta estival de Saint Laurent.
Ambas marcas francesas abandonaron la constante guerra por quién tiene a la modelo adolescente más flaca, priorizaron la madurez y apostaron a íconos de la cultura para dirigirse a mujeres que valoran la experiencia que trae aparejada la edad.
La industria por fin reconoció a esa porción de la población que vivió las tendencias de cada década, que se puede dar el lujo de tener un guardarropas nutrido por prendas vintage que marcaron distintos momentos de su vida y que, gracias a los ciclos de la moda, se puede animar a resignificarlas con items nuevos.
Sin embargo, a pesar de que ahora la tercera edad “está de moda” gracias a las estrategias que implementaron estas firmas influyentes -a las que se suman Dolce & Gabbana, Kate Spade y Alexis Bittar-, señoras cool existieron siempre y hay quienes desde hace años depositan la mirada en ellas.
Desde 2008, el estadounidense Ari Seth Cohen recorre atento las calles neoyorkinas, cámara en mano, para captar looks de adultos mayores -a veces sobrios; otras, despampanantes-, publicarlos en su blog Advanced Style y confirmar la hipótesis de que el estilo aumenta con la edad. Pero no hace falta viajar para comprobarlo: basta con ir una tarde a tomar el té a la tradicional confitería platense París para verlo con nuestros ojos.
Con todo este tema, me acordé de una frase que repite mi abuela paterna a modo de mantra cada vez que se acerca el calor: “Vieja pero bronceada puede ser; vieja y encima blanca jamás”. Fluir, aceptar el paso del tiempo como la ley de la vida y estar orgullosa de la edad, creo que de eso se trata.
No obsesionarse por verse joven, sino por verse bien. Entender que se puede tener una imagen jovial sin la necesidad de recurrir al bisturí o de convertirse en esclava de productos que dicen ir contra la edad. ¿Cómo? Manteniendo esas costumbres que disfrutamos desde jóvenes -tan simples como tomar un poco de sol, en el caso de mi abuela- que hacen que, con +80 años, una se sienta tan vital como a los veinte y digna de una campaña de Céline.

Nota de opinión publicada en abril de 2015 en la revista Fashion Head.

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