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La moda, ámbito de lujo y excentricidades, es una industria que atenta constantemente contra la naturaleza. Además de los clásicos reclamos de los ambientalistas por el uso de pieles animales, hoy también están en jaque otro tipo de prendas: las del día a día, las que usas vos y tu vecina. Las tendencias no duran más de seis meses y eso genera una “cultura del consumo descartable” que, sumada a los químicos utilizados en la confección, contribuyen al deterioro del planeta.
Sin embargo, está surgiendo una nueva camada de diseñadores que se preocupan por el futuro de la humanidad y, a través de un nuevo modo productivo que se basa en la sustentabilidad, buscan despertar la conciencia social, desalentar el consumo constante, asegurar el comercio justo y preservar el medio ambiente.
En ese sentido, Alejandra Gottelli –de Cúbreme- e Ileana Lacabanne –de Chunchino- son mujeres emprendedoras que hacen un gran aporte desde su lugar en la industria para fortalecer el desarrollo sustentable.

CÚBREME
Alejandra es docente y entiende la necesidad de cuidar la naturaleza. Es así que, como parte de su compromiso con el medioambiente, al hábito de reciclar sumó la creación de Cúbreme, una firma de indumentaria ética que se maneja con los valores de “la distinción y la lealtad de lo perdurable”.
Con el objetivo de revalorizar lo artesanal y promover el consumo responsable, la marca propone una línea de abrigos, mantas y suéteres biodegradables y atemporales, de estilo clásico-contemporáneo, que no responden a tendencias ni colecciones.
Las prendas son confeccionadas con fibras naturales de origen animal obtenidas mediante la esquila de especies de la región andino-patagónica y andino-cuyana criadas en su hábitat natural; y con fibras vegetales que provienen del noreste argentino, donde pequeños productores y cooperativas orgánicas trabajan la tierra respetando la biodiversidad y la soberanía alimentaria de las comunidades campesinas.
Esas materias primas se procesan en Buenos Aires para obtener los hilados, luego pasan por telares manuales y, por último, se confecciona la prenda en talleres de sastrería. Lo curioso es que la gama de colores responde a las tonalidades naturales de los hilados, ya que las telas no sufren teñidos artificiales.

CHUNCHINO
En 2008, cuando se enteró de su embarazo, Ileana vio la necesidad de hacer un aporte al mundo al que traería a su primer hijo. Así lanzó Chunchino, una firma de ecodiseño para bebés que la llevó a recibir un reconocimiento de las Naciones Unidas, ser palabra autorizada entre los ambientalistas y brindar charlas a empresas e instituciones.
Los que empezaron siendo diez artículos talle único, en la actualidad se extienden a accesorios para la madre, mantas y demás artículos para bebés de hasta 12 meses, todos realizados en algodón orgánico. Este género es hipoalergénico, evita la contaminación y cuenta con la certificación de comercio justo, lo que garantiza condiciones de trabajo dignas para los agricultores.
La firma también intenta reducir la huella de carbono, a través del uso de botones naturales, sistemas de sujeción para evitar el elástico y packaging reciclado. La comunicación es vital en la moda ética y, por eso, en las etiquetas -también orgánicas- figuran los proveedores para que los padres sepan el origen de la prenda que pondrán en contacto con la piel del bebé.
Lo cierto es que Chunchino es mucho más que ropa, sus creadores están en cada detalle para que el mensaje llegue al consumidor de manera personalizada. “La compra se entrega a domicilio con el packaging que el usuario elija -bolsa, bambú o caja-, un folleto que resume el concepto de la marca y un tarjetón para escribir una dedicatoria”, explica la diseñadora.
Ese espíritu hizo que Ileana recibiera, a fin del año pasado, el Premio Mujer Empresaria, un reconocimiento entregado por la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo –UNCTAD- en Ginebra, Suiza. Con la certeza de que no fue premiada la marca sino el modelo de negocio responsable y de alto impacto social, la diseñadora asegura que el galardón constituye una palmadita en la espalda para seguir adelante con el proyecto. “Estamos centrados en lograr una producción 100% sustentable”, sostiene, y agrega: “Nos falta mucho, pero lo importante es saber cuál es la meta y actuar en consecuencia”.
En relación a sus comienzos, Ileana percibe hoy un cambio de mentalidad en la gente, aunque considera que es necesario convertir la “moda eco-friendly” en algo más intrínseco que derive en la formación de verdaderos consumidores responsables que sepan y se hagan responsables de la decisión que toman cuando compran algo.
Para alentar una conducta amigable con la naturaleza, este año Chunchino se complementará con Obsolescencia Reprogramada, una línea de productos que cambian de función según va creciendo el bebé como, por ejemplo, un portaenfant que se transforma en manta para cuna y en morral con tres divisiones, cierre y portamamadera.

Vestir prendas hechas con materia prima orgánica no es la única vía para vivir en armonía con el planeta. La clave está en adoptar hábitos más amigables como informarnos sobre el proceso de elaboración de lo que usamos, apostar a la ropa vintage, resignificar cosas viejas o priorizar los básicos antes que las tendencias que cambian año a año. En una sociedad en la que parece asomarse un interés por hacer las cosas bien, debemos esforzarnos por ser protagonistas del cambio.

Nota publicada en mayo de 2013 en la revista Fashion Head.

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