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Hace poco más de dos décadas, el fotógrafo italiano Aldo Bressi decidió radicarse en Argentina para retratar con su particular mirada europea una de las capitales latinoamericanas más parecidas a las del Viejo Continente. Artista, curador de muestras fotográficas y director de su propia escuela, el inmigrante hizo foco en esta región y sus tomas se ganaron un lugar reconocido en el circuito cultural porteño.

Después de haber expuesto su obra en distintos países europeos como Alemania y Suecia, el amor trasladó a Aldo Bressi hasta Buenos Aires. La vocación de fotógrafo fue heredada de su padre, a quien vio apasionarse con la captura de cada momento de su infancia y de su adolescencia. Al cumplir 16 años recibió su primera cámara y ese contacto con el arte fue un amor a primera vista que conserva a través de los años.
La folletería hotelera y el patrimonio cultural italiano fueron sus primeros objetivos como fotógrafo de la Región de Calabria. En ese entonces se desempeñaba como funcionario de la Secretaría de Turismo, pero decidió ir más allá de lo paisajístico y observó los acontecimientos culturales esenciales a la idiosincrasia de su pueblo.
Rituales sagrados, peregrinaciones a humildes santuarios y desfiles de una humanidad tan dolida como devota fueron capturados desde una perspectiva emotiva que se vio plasmada en libros de universidades del sur de Italia. Ese material religioso y antropológico hoy se encuentra expuesto de manera permanente en el Museo del Folklore y las Tradiciones Populares, en la Comuna de Rende.
En 1989, a los 37 años y después de casarse con una argentina, Aldo llegó para radicarse definitivamente en Buenos Aires, se dedicó a la fotografía comercial, principalmente a la de moda y beauty –maquillaje y peinado-, y abrió Fotodesign, una agencia de fotografía publicitaria que cada año recibe a alumnos de distintos puntos de Latinoamérica.
En materia de moda, el artista considera a Cora Groppo como una de las diseñadoras nacionales más creativas y prestigiosas. Desde hace dos años realiza las campañas y los lookbooks de la firma y asegura que su producto es tan bueno que “compite en el corazón del made in Italy, en plena Via Mario De’ Fiori, al lado de marcas como Max Mara”.
En cuanto a la industria textil en Argentina, opina que todavía es un mercado muy chico en comparación con el italiano, en el que se generan 120 mil puestos de trabajo, y explica que acá aún no se logró un “producto tecnológico” similar al de Europa, donde los diseñadores ya cortan con láser.
Pese a los años que lleva de residencia en Buenos Aires, este apasionado fotógrafo nacido en Catanzaro conserva el acento y las palabras de su idioma se le filtran permanentemente. Sin embargo, no es extraño que eso ocurra porque mantiene el hábito de leer libros escritos en su lengua madre, compra los diarios de su ciudad y observa cada desfile de la pasarela milanesa.
Siguiendo esa línea, en su proyecto educativo hace especial hincapié en el acervo europeo y procura que los alumnos de su escuela se sumerjan e indaguen sobre esa estética, además de trabajar con Vogue Italia, aquella revista de moda que marca tendencia en el mundo, como principal fuente de inspiración.
Ese mismo deseo es trasladado a Bogotá, Colombia, donde abrió otra sede de Fotodesign en 2011. “Lamentablemente allá hay una estética narco”, revela, y explica que los estereotipos de belleza instalados en el imaginario del país cafetero implican pechos exuberantes, curvas bien marcadas y boca hinchada; una representación de la mujer muy alejada de la modelo lánguida y consumida del Viejo Continente que de la misma manera se impone en la industria rioplatense.
Con todo, su fotografía también tiene un tinte porteño porque Argentina es considerada la capital latinoamericana de la moda y el parecido con su lugar de origen lo conmueve: “Buenos Aires es una ciudad muy europea, por sus barrios, el nivel cultural de la gente, la actividad teatral y cinematográfica”.
Como docente, Aldo considera que la llegada de la cámara digital ha democratizado la fotografía, que hoy está al alcance de todos. Como ejemplo señala que por día se suben a Internet alrededor de 250 millones de fotos, aunque defiende con fervor “la vieja escuela” y afirma que en los últimos años la calidad general de la producción ha bajado mucho. “Los grandes maestros no vienen de la fotografía digital”, sostiene.
Aunque los trabajos comerciales los realiza con las últimas tecnologías, el italiano todavía utiliza cámaras analógicas para capturar en blanco y negro su vida personal, porque disfruta cuando llega el momento de revelar la película y hacerse una copia. “Afortunadamente hoy se percibe un regreso a la fotografía analógica, hay mucha gente que no quiere saber nada con lo digital”, explica haciendo alusión a los muchísimos alumnos particulares motivados por ese interés a los que enseña su personal visión sobre el arte.
Como si fuera poco, a este fotógrafo también le queda tiempo para asesorar y hacer la curaduría a quienes están dando sus primeros pasos y quieren montar exhibiciones en galerías culturales. Además, desde 2008 se encarga de descubrir talentos entre sus alumnos y generosamente les asigna un lugar relevante en cada número de la revista de diseño 90+10, para que publiquen sus fotos en la sección Portfolio.

Imagen: Adictos Gráficos.

Perfil publicado en diciembre de 2012 en la revista Fashion Head.

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